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lunes, 23 de febrero de 2015

Un nuevo concepto: el punto de fuga


Uno de los aportes más significativos al desarrollo de conceptos de avanzada dentro de la mecánica de los fenómenos paranormales (y en la cuestión de la supervivencia a la muerte) está dada, a nuestro criterio, por la rotura del corsé intelectual que buscaba
explicar a través de procesos estrictamente psicologistas la génesis y etiología de esta fenomenología.
Como diversos autores han señalado en numerosas oportunidades, la propia palabra “parapsicología” ya resulta caduca para referirnos a una multiplicidad de eventos que escapan a los límites de lo mental, por más "extrasensóreo" que el mismo resulte.
De hecho, sólo aquél que encare esta disciplina pensando en una “parafísica” así
como en una “parabiología” puede resultar, aunque parezca perogrullesco, un sensato
parapsicólogo.

En consecuencia, debemos entender que una aproximación meramente psicologista a la parapsicología (hija dilecta del Ocultismo) puede brindarnos una explicación etiológica, esto es, de las causas desencadenantes del fenómeno en estudio; pero sólo un conocimiento interdisciplinario que no desprecie la física, la geometría no euclidiana y las matemáticas nos ilustrará sobre la mecánica de producción de tales eventos.

En este sentido, hemos observado que una especialidad tan resistida por personas con formación humanística como psicólogos y parapsicólogos, como es la astronomía, puede ofrecernos aproximaciones confiables para explicar algunos de los muchos puntos oscuros que encierran estas temáticas.

Se trata de uno de los fenómenos cósmicos más interesantes, el de los llamados “agujeros negros” que parece tener un correlato psíquico (“lo macrocósmico en lo microcósmico”) en lo que hemos llamado “puntos de fuga”, especie de “puertas” a una dimensión propia del ámbito de quienes ya no pertenecen a este mundo.

Y que exista esta correspondencia ya de por sí no debe asombrarnos pues, recordando la versatilidad del Principio de Correspondencia ocultista, admita extender sus implicancias hasta este caso.

Como todos sabemos, un "agujero negro" es un punto del espacio llamado así porque el potencial gravitatorio de ese punto es tan infinitamente elevado que nada escapa a su atracción, ni siquiera la luz.

El proceso de gestación del mismo arranca en las variaciones que se producen durante el "envejecimiento" de algunas estrellas. Éste puede tener dos caminos: o aquellas comienzan a incrementar su volumen, pasando por la fase de gigante roja, hasta estallar como en el caso de las "novas" y "supernovas", o bien, alcanzan un determinado punto crítico comenzando a colapsar sobre sí mismas, en lo que podríamos denominar un proceso de “implosión”.

Ahora bien. Como quedara oportunamente demostrado por la física relativista, todo cuerpo estelar "curva" el espacio a su alrededor. Cuando mayor es la masa del cuerpo, mayor la gravitación y mayor la curvatura, y debe quedar comprendido que el"volumen" (tamaño) de un cuerpo no es necesariamente sinónimo de su "masa" (resistencia a la inercia).

Así, si Júpiter, más voluminoso que la Tierra, tiene también mayor gravedad que ésta –y, en consecuencia, también mayor curvatura espacial a su alrededor– una estrella que alcanzara la etapa de "gigante roja" involucione reduciendo su tamaño –o sea, su volumen– no necesariamente disminuye su masa, ya que ésta es una variable dependiendo de las distancias e interacciones corpusculares de sus átomos constituitivos.

En consecuencia, una estrella colapsada sobre sí misma disminuye su volumen, pero aumenta de manera inversamente proporcional su masa, y con ella su gravedad. Pasa entonces a la etapa de "enana blanca" –del tamaño de un simple planeta como el nuestro, pero con una gravedad miles de veces mayor– y continúa implosionando,
hasta reducirse a un tamaño tan exiguo –unos pocos metros de diámetro– que, a  escala cósmica, es inexistente.

Llegada este punto, su masa aumentó en un límite tendiente a infinito, con lo cual también lo hizo su gravedad. Tenemos entonces un “agujero negro”, punto del espacio que, como la vorágine del Maëlstrom del cuento de Edgar Allan Poe, atrae hacia sí, desde distancias inconmensurables, materia y energía que terminan siendo devoradas por el mismo.

Pero si algo da su especial característica insólita a este fenómeno es que, si idealmente pudiéramos situarnos a "un lado" del agujero negro para observar el proceso de absorción de materia y energía, veríamos que todos estos componentes parecen "caer" a un pozo, pero no "salen" por ningún lado.

Así, un rayo lumínico se dirigiera hacia el agujero, ingresa a éste... y se corta abrupta-mente, como desapareciendo en la nada. Ahora bien, si un incremento en la gravedad tendiendo a infinito provocara una curvatura también tendiendo a infinito, la "bolsa" gravitatoria así creada se "desfondaría", dando paso a... ¿dónde?.

Pues, a un universo paralelo.