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viernes, 30 de octubre de 2015

LA HORA Y EL LUGAR DE UN HORÓSCOPO

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LA HORA Y EL LUGAR DE UN HORÓSCOPO

 Un horóscopo es simplemente un mapa de los cielos indicando una determinada
posición de los planetas y de los signos zodiacales con relación entre ellos
y la Tierra. Las constelaciones permanecen en la misma posición una hacia la otra
y se llaman por esta razón estrellas fijas, pero la Tierra y los demás planetas
cambian constantemente. No vuelven a la misma posición relativa hasta después
de veinte años aproximadamente. Por consiguiente, todo horóscopo calculado
científicamente es individual absolutamente y presenta unas influencias estelares
completamente diferentes de las que actúan en cualquiera otra vida comenzada
en un momento distinto.
Debido a la revolución de la Tierra sobre sus ejes, sale cada cuatro minutos
un nuevo grado del Zodíaco y de este modo aún los horóscopos de, gemelos pueden
variar considerablemente. El estudiante, pues, debe comprender la importancia
de la HORA como factor en levantar un horóscopo.
De todos modos, debemos decir que hay varios métodos para deducir la
hora y hacer un horóscopo preciso para aquellos que no conocen la hora exacta
de su nacimiento, pero este conocimiento pertenece a un grado más avanzado de
este estudio.
La hora no es la misma para todo el mundo. Cuando el Sol sale donde nosotros
vivimos se pone en otro lugar y esto produce otra diferencia en los horóscopos,
aún en aquellos erigidos para niños nacidos en el mismo momento, pero en
puntos distintos del globo, pues si era mediodía en el punto del nacimiento de uno,
el Sol estaría más elevado en los cielos por encima de la Tierra, y el lugar del nacimiento
del otro niño podría ser medianoche con el Sol exactamente debajo de la
Tierra.
Nosotros sabemos que los efectos químicos de los rayos solares varían con
su posición y cuando este cambio es notable físicamente, su efecto espiritual debe
variar también. Resulta, por consiguiente, comprensible, que la Hora y el Lugar
son factores básicos en el cálculo de los horóscopos.
Primeramente indicaremos el modo de determinar el lugar del nacimiento y
después trataremos el aspecto de la hora.

miércoles, 28 de octubre de 2015

PLANETAS EN LA ASTROLOGIA 2016

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PLANETAS EN LA ASTROLOGIA 2016
La teoría nebular explica con maravillosa ingenuidad, desde el punto de vista
material, de como un sistema solar consistente en un Sol y varios planetas,
puede ser formado de un nebuloso fuego central, pero su ingenuidad estriba en su
explicación de cómo esta masa debe ser puesta en movimiento y después que
permanezca en movimiento por millones de ciclos.
En efecto: algo o alguien, extraño a esa masa ígnea, debe ser necesario
para dar ese primer impulso, como indicó Herbert Spencer, quien rechazó la teoría nebular porque implica una primera causa, pero, sin embargo, incapaz de formular una hipótesis libre de ésta, para él, criticable falta. De este modo la teoría científica de la génesis de un sistema solar, coincide con la afirmación religiosa de una causa Primera, llámesela Dios o por otro nombre cualquiera, pero de inteligencia superior, ordenando la marcha de las estrellas con una definida finalidad.
Esta finalidad no podemos nosotros ser capaces de comprender todavía en
toda su integridad, pero todo a nuestro alrededor en nuestro planeta nos revela y
dice, si observamos sin prejuicio, una ordenada progresión de todas las cosas
hacia la perfección y de aquí podemos naturalmente inferir que un proceso similar
de evolución debe producirse en todos los demás planetas y en todo el Universo,
en armonía con las condiciones y leyes preordenadas para cada cual.
Las enseñanzas místicas acerca de la formación de un sistema solar, armonizan
con la teoría nebular que dice que fueron expulsados desde la masa central
del Sol a intervalos, parte de esa masa en forma de anillos formando los diferentes
planetas, siendo los primeros arrojados los que se hallan más distantes del
centro, mientras que Venus y Mercurio, que son los más cercanos, han sido expulsados los últimos.
Detrás de cada acto hay un pensamiento y detrás de cada fenómeno visible
hay una causa invisible. De la misma manera, hay una razón espiritual para la
existencia y formación de los planetas en un sistema solar, y también una material
explicación.
El fuego nebuloso central puede ser considerado por nosotros, como la primera
manifestación de un Dios Triuno y Señor de las Huestes, el cual contiene
dentro de su Ser una multitud de otros seres, en diferentes etapas de desarrollo.
Sus diversas necesidades requieren diferentes condiciones externas. Para
proveer a tales necesidades, varios planetas fueron lanzados de la masa central
estando cada uno de ellos constituidos diferentemente, y variando las condiciones
climatéricas para cada uno. Sin embargo, todos ellos pertenecen al Reino de Dios,
el sistema solar. En "Él se mueven, viven y tienen su ser" en el sentido más lato
de la palabra, pues la totalidad del sistema solar puede ser considerado como el
cuerpo de Dios, y los planetas como órganos del mismo cuerpo, vivificados por su
Vida, moviéndose por su Fuerza de acuerdo con su Voluntad.
Cada planeta es el vehículo físico de un exaltado espíritu de una inteligencia
espiritual elevadísima, quien representa como ministro al Supremo Ser en tal
departamento de Su Reino, esforzándose por cumplir la voluntad suprema, la cual
tiene como finalidad el bien más elevado sin tener en cuenta el mal momentáneo.
Estos Espíritus Planetarios ejercen influencia particular sobre los seres
habitantes en el planeta que cada uno preside, pero tienen influencia también sobre
los seres evolucionantes de los demás planetas, en relación con el desarrollo
alcanzado por tales seres.
Cuanto más atrasado en la escala evolutiva, cuanto más ignorante es un
ser, tanto mayor influencia y poder ejercen sobre él los planetas, llegándose a dar
casos de que respondan de una manera total y absoluta hasta a los más débiles
aspectos; en cambio, el consciente, el elevado, el que lucha por dominar sus pasiones
y alrededor ambiente, el que lanza pensamientos constructivos y amorosos,
el que sonríe a la adversidad, domina las influencias estelares y se construye
un porvenir risueño por este solo objeto.
Así es como la Astrología nos ilustra y auxilia en nuestra vida diaria y a la
vez que nos da un conocimiento de nuestras debilidades y tendencias malas de
nuestra naturaleza, nos señala también nuestras fortalezas y los momentos propicios
para el desarrollo de la potencia hacia el bien. En todas las religiones oímos
hablar de los siete genios planetarios: así los indios, dicen los Siete Rishi; los persas,
los Siete Ameshaspentas; los mahometanos, los Siete Arcángeles, y los cristianos,
los Siete Espíritus delante del Trono. El astrónomo moderno se divorcia del
aspecto espiritual de la Astrología a la que desdeña y tilda de supersticiosa explotación,
por la materialidad de que la Astronomía señala ocho planetas principales
en nuestro sistema solar: Neptuno, Urano, Saturno, Júpiter, Marte, Tierra, Venus y
Mercurio. Él con ayuda del telescopio ve que existen y piensa que de este modo
ha probado que la Religión no conoce nada del asunto, cuando afirma que hay
solamente siete planetas principales. El místico, sin embargo, se apoya en la Ley
de Bode como vindicando su aserto de que Neptuno no pertenece realmente a
nuestro sistema solar. La ley es como sigue: Si escribimos una serie de 4 y sumamos
3 al segundo, 6 al tercero, 12 al cuarto, y así sucesivamente, doblando
cada tiempo sumado anteriormente, la serie de números resultantes nos dará una
aproximación muy grande a la distancia relativa de los planetas al Sol, con excepción
de Neptuno. Por ejemplo:
Si ahora dividimos estas series de números por 10, tendremos igual a 1, para
la distancia relativa de la tierra al Sol, y los resultados de los cuerpos celestes
representarán la distancia de ellos, en términos de comparación, de la distancia
convencional conseguida de la Tierra al Sol. Por la ilustración que sigue, veremos
cuánta es la aproximación que mediante la aplicación de tan sencilla ley alcanzamos.
La columna "Ley de Bode" muestra la distancia que separa del Sol a cada
planeta indicado, en armonía con la ley anterior, y la columna "Distancia", es la
distancia real comparándola con la distancia de la Tierra:
Por lo expuesto podemos ver, que, con la sola excepción de Neptuno, los
resultados representan muy aproximadamente las distancias relativas al Sol, de
los siete planetas y de los Asteroides pertenecientes a nuestro sistema solar, pero
fracasa terminantemente cuando se la aplica a Neptuno, que es encarnación de
un gran espíritu de las Jerarquías Creadoras, quien como un mensajero celestial,
nos viene a visitar y el cual nos influencia normalmente desde el Zodíaco. Este
genio planetario trabaja particularmente con aquellos que se están preparando
para la iniciación, y parcialmente, con aquellos que de un modo o de otro estudian
Astrología y la aplican y ponen en práctica en su vida diaria, con el deseo de servir
a los demás, pues de este modo, ellos se preparan para el camino de la iniciación.
El centelleo de las estrellas fijas más allá de nuestro sistema solar, son las
pulsaciones de impulsos espirituales, enviados por los guardianes de los Misterios
Menores y los señores de Mercurio, los dioses de la Sabiduría, envían impulsos
semejantes, pertenecientes a esta clase de Misterios, de aquí que Mercurio rutila
como una estrella fija.
Como ya sabemos por la Geografía, los planetas giran alrededor del Sol,
que es el punto céntrico de nuestro sistema solar, siendo los más pequeños los
que describen órbitas más pequeñas por la razón de hallarse más próximos al Sol,
los que giran con mayor velocidad y los grandes, que por encontrarse más lejos
del Sol, describen órbitas más grandes, los que giran más lentamente; siendo
constante esta característica, es decir que cuanto más lejano, describe órbita mayor
y gira más lentamente, como podemos ver por medio del estudio de los siguientes
cuadros: La velocidad de traslación de los planetas por hora es como sigue:
Además del movimiento de traslación los planetas tienen el de rotación sobre
sus ejes, siguiendo el mismo sentido de orientación que el de su órbita, o sea,
de Oeste a Este. Este movimiento se llama rotación diurnal.
El tiempo que emplean los planetas en hacer la rotación diaria, o diurnal,
sobre sus ejes es así:
El Sol tiene también su rotación sobre un eje y necesita para ello cerca 608
horas ó 25 1/3 días para completar una rotación.
Los ejes de un planeta pueden ser, bien perpendiculares u oblicuos en relación
a sus órbitas. La actual inclinación de los ejes es aproximadamente como sigue:
La inclinación del eje del Sol al plano de la eclíptica es alrededor de 7 %
grados.
Las anteriores inclinaciones de los ejes de los planetas, no coinciden en todos
los casos con los datos facilitados o estudiados por la ciencia física o material,
ni tampoco compartimos su opinión de que estas inclinaciones permanecen inmutables
prácticamente salvo por un ligero movimiento llamado nudación. Existe un
tercer movimiento de los planetas sumamente lento, por cuya influencia lo que hoy
tenemos como Norte de la Tierra se verá en el futuro, como ya lo fue en el pasado,
apuntando directamente hacia el Sol y mucho tiempo después se colocará en la
posición planetaria que tiene hoy el polo Sur, y pasando los siglos alcanzará otra
vez su actual posición. De este modo, mediante estos cambios, se modifican las
condiciones climáticas de los países, sucediéndose los trópicos y los hielos en
todos los puntos de todo los planetas.
En adición de este tercer movimiento, cuya marcha es insensible y gradual,
de cerca de 50 segundos del espacio por siglo, por lo cual una revolución completa
de los ejes de la tierra, se realiza en cosa de 2 1/2 millones de años, ha habido
siempre imprevistos cambios cuando ha ocurrido que lo que es el polo Norte se
oriente directamente hacia el Sol. El hemisferio del Sur estuvo constantemente en
la oscuridad y dominado por el frío en aquella época.
Las condiciones resultantes causaron la última vez un vuelco repentino de
nuestro globo. Empero, después de esa época el espíritu que guiaba la Tierra
desde afuera ha penetrado dentro de su esfera y tal suceso será imposible en el
futuro.
Mediante un instrumento ideado por un mecánico francés, de nombre Fierre
Bezian, se ha demostrado este tercer movimiento. Dice su inventor que concibió
esta idea por los estudios de las enseñanzas promulgadas entre diferentes pueblos
de la antigüedad por sacerdotes que se hallaban en posesión de las enseñanzas
místicas, especialmente entre los egipcios. Por este movimiento explica la
presencia de restos de flora y fauna encontrados en el helado polo que no pueden
atribuirse a otra causa, y también demuestra que con el curso del tiempo cuando
la inclinación de los ejes de cualquier planeta sea mayor de 90 grados y su polo
Norte comience a apuntar al Sur, los satélites de tal planeta aparecerán como si
girasen en dirección contraría a la de los satélites de los demás planetas, como es
el caso de los satélites de Urano y Neptuno, hecho que confunde a los astrónomos.
Para Urano y Neptuno, el Sol sale en el Oeste y se pone en el Este por la
misma razón: la inversión de los polos.

Como una última diferencia entre los asertos de la conciencia moderna y las
enseñanzas de la Sabiduría Occidental de los Rosacruces, podemos indicar que
los astrónomos del día hablan de Venus y Mercurio como de planetas inferiores,
porque estos siempre se hallan cercanos al Sol, pues Venus se ve solamente como
una estrella matutina o vespertina y Mercurio se deja ver raramente porque
está siempre muy aproximado al Sol.
Los otros planetas son llamados superiores porque se ven a todas distancias
desde el Sol y hasta el punto del horizonte diametralmente opuesto al Sol.
Esta denominación de inferior superior, son contrarias para el místico,
pues para él es claro que el Sol es la incorporación de la superior inteligencia de
nuestro sistema.
En el principio de nuestra presente fase de evolución todo lo que ahora está
fuera del Sol estaba dentro, pero no todos los seres pudieron continuar vibrando
con el grado que allí había y como consecuencia de esto se quedaron detrás, se
cristalizaron y llegó un día que se convirtieron en un obstáculo para los otros seres.
Estos seres empezaron su cristalización en los polos, donde el movimiento es
lento, pero gradualmente el aumento de su pesantez les arrastró hacia el Ecuador,
donde existe el movimiento más rápido, y entonces, en su día, fueron expulsados
del Sol por la fuerza centrífuga.
Después a otros seres les pasó igual, no pudieron continuar viviendo con la
intensidad que en el Sol se seguía, se rezagaron y fueron lanzados al Firmamento,
a la debida distancia, para que las vibraciones solares pudieran darles la rapidez
necesaria a su desarrollo.
Los espíritus más avanzados permanecieron en el Sol más tiempo y, por lo
tanto, si el calificativo inferior superior debe ser aplicado en algún sentido, debe
utilizarse en forma inversa.
Con el objeto de evitar toda mala interpretación no estará de más el indicar
que Júpiter fue expulsado y se le dio su inmenso volumen de substancia de fuego
debido a que los jupiterianos habían llegado a un estado de desarrollo muy elevado,
y, por lo tanto, necesitaban vibraciones altas y acción independiente. Júpiter
es, por consiguiente, una excepción de la regla en algunos sentidos, un caso de
esos en los que una ley superior posterga una inferior.
En conclusión, reiteramos que los planetas en nuestro sistema solar son los
organismos visibles de los Siete Espíritus delante del Trono de Dios, el Sol, y que
al igual que nos es posible transmitir por telegrafía sin hilos la fuerza que mueve el
conmutador del telégrafo, encender una luz, elevar una palanca, etc., del mismo
modo pueden esos Grandes Espíritus ejercer una influencia sobre los seres
humanos en armonía con nuestro estado de individualidad. Si nosotros deseamos
obrar en armonía con las leyes del Bien, nos elevamos sobre todas las demás leyes y nos convertimos en leyes dentro de nosotros mismos, cooperadores con
Dios y auxiliares de la naturaleza. Nuestro será el mérito si obramos así o, de lo
contrario, nuestra será la pérdida si no somos capaces de vivir en la medida que
nos brindan nuestras oportunidades.
Así, pues, luchemos y esforcémonos para saber lo que podemos hacer, y sobre todo, guardémonos mucho de prostituir la divina ciencia de los astros con el
charlatanismo para la predicción de la fortuna. El vil metal dorado será nuestro si
obramos de este modo; pero la "paz de Dios que excede a todo lo imaginable”,

nos traerá la alegría perdurable si usamos nuestro conocimiento en un desinteresado

servicio hacia los demás.